Desde la representación sindical queremos trasladar a la plantilla un caso que consideramos especialmente preocupante y que aclara cómo realmente trata la empresa a los trabajadores cuando más vulnerables y más lo necesitan.
Una trabajadora de la empresa ha sido despedida alegando una supuesta “disminución continuada y voluntaria del rendimiento”.
La compañera rechaza completamente esta acusación y manifiesta que nunca había sido advertida previamente de un supuesto bajo rendimiento, ni se le había comunicado formalmente que su trabajo fuese insuficiente, ni se había establecido ningún plan de mejora.
Pero lo verdaderamente preocupante es el contexto que denuncia haber vivido durante los meses anteriores al despido.
Según nos ha trasladado, había comunicado reiteradamente problemas relacionados con la gestión de su responsable: formas de comunicación inadecuadas, cuestionamientos delante de otras personas, reproches constantes, falta de respuesta a consultas laborales, cambios contradictorios en la valoración de su trabajo, comentarios relacionados con su origen y su forma de hablar, así como situaciones que consideraba de trato desigual.
También había intentado trasladar parte de estos problemas a niveles superiores sin que, según manifiesta, se adoptarán medidas efectivas para resolver la situación.
Y entonces ocurrió algo todavía más grave.
La trabajadora necesitó desplazarse temporalmente para acompañar a un familiar directo que iba a someterse a una intervención quirúrgica. Según relata, durante semanas se le indicó que podría continuar trabajando temporalmente en remoto y se inició incluso la correspondiente gestión y aportación de documentación.
Sin embargo, una vez desplazada y cuando estaba próxima a finalizar la cobertura del permiso que estaba utilizando, se le comunicó que finalmente no se autorizaba esa posibilidad, obligándola a recurrir a vacaciones u otras fórmulas para poder permanecer junto a su familiar.
Después de regresar y reincorporarse al trabajo, al día siguiente recibió la carta de despido.
La empresa sostiene que existía una disminución voluntaria y continuada de su rendimiento.
La trabajadora sostiene exactamente lo contrario: que nunca recibió advertencias previas sobre bajo rendimiento y que el despido se produce después de meses denunciando problemas con su responsable y prácticamente de manera inmediata tras atravesar una situación familiar especialmente delicada.
Desde el sindicato creemos que hay preguntas que la plantilla tiene derecho a hacerse:
¿Dónde estaban las advertencias de bajo rendimiento antes del despido?
¿Existe algún seguimiento, plan de mejora o comunicación formal que permitiera a la trabajadora corregir aquello que supuestamente estaba haciendo mal?
¿Qué seguimiento realiza la empresa de las personas que tienen equipos bajo su responsabilidad cuando existen quejas reiteradas sobre su gestión?
¿Qué ocurre cuando una persona trabajadora denuncia comportamientos que considera inapropiados o discriminatorios?
¿Por qué una situación familiar que inicialmente parecía contar con una solución se termina gestionando de esta manera?
¿Y cómo se explica que, después de todo lo ocurrido, la solución empresarial termine siendo despedir a la trabajadora por supuesto bajo rendimiento?
Según la empresa, detrás de cada evaluación, cada objetivo y cada decisión empresarial hay personas. Pero claramente demuestra que es una empresa sin ningún compromiso con el bienestar, la igualdad o el respeto por la vida y estado de sus trabajadores.
Y con esto sale a la luz, la forma en la que se trata a sus trabajadores precisamente cuando estos más lo necesitan, y más necesitan que esos valores sean reales.
Desde el sindicato seguiremos vigilando este caso y defendiendo que ninguna persona de la plantilla tenga que enfrentarse sola a una situación semejante. Y queremos que quienes compartan esta forma de entender la lucha sindical sepan que seguiremos aquí, defendiendo los derechos de la plantilla.





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