El pasado 13 de febrero, en uno de los innumerables correos de propaganda con los que NTT inunda nuestros buzones, se nos anunciaba que el 18 de marzo “Rafael Santandreu llega a NTT DATA”.
Las
personas a las que las empresas dan voz y de las que difunden determinados
mensajes, no son casuales, sino que cumplen una función específica que
encaja perfectamente con la gestión de recursos humanos de una empresa como
NTT.
En
el pasado ya denunciamos la promoción de pseudociencias
como “un mecanismo de alienación que desvía nuestro foco sobre el verdadero
origen del problema y se centran en dar falsas esperanzas basadas en postulados
sin ningún tipo de fundamento”, al hablar de la campaña Buda en un Benz.
También denunciamos la promoción de una secta espiritual llamada
Ekam en un nuevo intento de “hacernos responsables de nuestro
sufrimiento y malestar”.
Ahora,
siguiendo esta política de desviar la atención de los trabajadores del
verdadero origen de sus problemas y culpabilizarlos de su sufrimiento,
llega el charlatán Rafael Santandreu a ‘enseñarnos’ a “pensar bien” para ser
felices. Pero, ¿quién es este ‘gurú’ de la felicidad?
Rafael
Santandreu es un psicólogo especializado en libros de autoayuda, algo que ya
debería alertarnos de ante qué clase de personaje estamos. Con libros como Escuela
de Felicidad, El arte de no amargarse la vida, Las gafas de la
felicidad o No hagas montañas de granos de arena, pretende
enseñarnos a no autosabotear nuestra felicidad, culpabilizándonos cuando,
por algún motivo, sufrimos de estrés, ansiedad, depresión o cualquier
afectación que daña nuestra salud mental.
Sus
apariciones en medios de comunicación nos dan una pista de qué filosofía y qué
ideas intenta vendernos, como cuando en una entrevista concedida a El Mundo, indicaba
que “La depresión te la provocas tú, solo si te esfuerzas mucho conseguirás
deprimirte”, una afirmación completamente contraria a la ciencia y que tira
por tierra numerosos estudios que vinculan los trastornos
de depresión con condiciones materiales y socioeconómicas.
O
cuando un artículo en el reaccionario medio de prensa The
Objective lo citaba para indicar que “La mejor etapa de la vida
de una persona es cuando empieza a pensar correctamente, a dejar de quejarse y
apreciar las cosas increíbles, mágicas, incluso espirituales, que hay a tu
alrededor en cada momento”, un mensaje, el de “dejar de quejarse”,
que también difunde en sus redes sociales.
Este mensaje, junto con
el de ser feliz aunque no tengas nada, es muy funcional al sistema, ya
que en lugar de impulsar la organización de los trabajadores para luchar por
mejores condiciones de vida, promueve un sentimiento mágico o religioso que romantiza
la pobreza y la miseria.
Y
qué decir de cuando en un programa de La 2, una televisión
pública, dijo que “Hitler era una persona a la que tenemos que tener
aceptación completamente incondicional y lanzarle amor”, una afirmación que
algunos fascistas no se atreverían a decir en público.
Los mensajes de Rafael Santandreu son completamente funcionales y
útiles para el poder, para
quienes controlan la economía y se enriquecen a costa del sufrimiento ajeno.
Por eso, una empresa como NTT no duda en darle voz a semejante charlatán,
porque al justificar la explotación, al intentar hacernos creer que si tenemos
estrés o ansiedad no es por culpa de hacer decenas de horas extra o estar
sometidos a una presión desmedida, sino porque no sabemos “pensar
correctamente”, están desviando la atención de los verdaderos motivos de
nuestra miseria, están ocultando que es el incremento año tras año de sus
millonarios beneficios lo que nos provoca estrés, ansiedad o depresión, que
son ellos los responsables de esos males y que sólo organizándonos para pelear
colectivamente por mejorar nuestras condiciones laborales podemos revertir esos
males.
Frente
al enésimo intento de lavar nuestras mentes para intentar culpabilizarnos de lo
que ellos mismos nos generan, nosotros hacemos de nuevo un llamamiento a
todos los trabajadores a organizarse y movilizarse. Nos quieren aislados y
desorganizados para someternos; en nuestra mano está evitarlo.










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